El proyecto del ITAM ha triunfado: bunquer de formación de la clase mantenedora

(Segunda y última parte)

En la primera etapa (1946-1963) del Instituto Tecnológico Autónomo de México estuvo entre sus propósitos convertirse en una escuela de negocios, y con esa finalidad abre su primera licenciatura, la de Economía y un año después, la licenciatura en Administración de Negocios. Eran años de posguerra y de ascenso a potencia hegemónica del vecino del norte: los Estados Unidos. La nueva realidad económica obligaba a nuevos retos y entre ellos, el conocimiento de instrumentos económico administrativo para hacer frente a la nueva realidad mundial. La licenciatura de economía y la de administración estaban enfocadas precisamente para atender la competencia empresarial que reclamaría nuevas estrategias de mercado, métodos productivos y una organización racional de recursos humanos y materiales ante un mundo más competitivo que se avizoraba ya en el capitalismo mundial. En ese contexto, las empresas mexicanas estaban obligadas a abandonar las prácticas tradicionales de mercado y método de producción. Había que fortalecer a la empresa nacional la que podía sucumbir por no estar preparada. La mayoría de los empresarios mexicanos no estaban listos para tomar el reto. La mentalidad empresarial de esos años carecía de iniciativa; vivían las empresas, en gran medida, a expensas del proteccionismo estatal. Esa tarea no podía recaer en exclusiva en la protección del Estado; el empresario mexicano, tarde o temprano, se vería en la necesidad de contender con el capital extranjero. No obstante, el proyecto académico inicial del ITAM no tuvo el éxito esperado, la carrera de economía no atrajo ni el número de alumnos esperados ni el personal docente requerido, lo que provocó desánimo en su dueño y fundador: Raúl Bailleres Chávez, quien ya en ese entonces era dueño, en la década de los cuarenta, de la Cervecera Moctezuma, la tienda departamental Palacio de Hierro y de empresas financieras.

El ITAM entró en una etapa de transición que va de 1963 a 1973; fueron años de estancamiento académico. Hubo esfuerzos por contratar algún extranjero connotado en el área de economía que dirigiera la licenciatura, sin éxito. No obstante, la búsqueda por un enfoque académico de tipo liberal no cejó, ello tuvo como factor catalizador la crisis económica mundial y, en particular, el fracaso del llamado modelo económico de desarrollo compartido implementado por el presidente Luis Echeverría, que trajo la fractura entre empresarios y Estado. Se logra -hasta la fecha- un acercamiento con universidades estadounidense, principalmente con la Universidad de Chicago. Es adoptado el paradigma organizacional educativo de esas instituciones: la división departamental, al mismo tiempo hay un giro de 180 grados en su objetivo educativo. El interés central, a partir de ahora, es hacer al departamento de economía la catapulta de sus egresados para alcanzar puestos de dirección en el Estado. Era imperativo que la visión empresarial determinara los rumbos económicos de la sociedad mexicana. Por su visión economicista típica del pensamiento liberal, hay desdén a la acción política.

Los empresarios ya no quieren vivir a la sombra de un Estado que los limita e impide revertir la disminución de la acumulación del capital al reducir, por su intervención, los espacios de inversión privada. A eso se avocará el ITAM a partir de ahora, a preparar gente con una visión conservadora que impulsa el libre mercado y elimine las garantías sociales que son entendidas como fronteras a sus ganancias, para eso, destruirán al Estado posrevolucionrio y edificarán al Estado neoliberal.

Para reforzar y dejar en claro esa orientación, es invitado, en 1975, el icono del neoliberalismo: Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago y asesor económico de una de las dictaduras más sanguinarias que ha habido en América Latina, la de Augusto Pinochet en Chile. La colaboración con este tipo de intelectuales liberales expresa el desprecio a la democracia, a la participación política de la que llaman “clases peligrosas”-trabajadores, estudiantes, desempleados y campesinos- que consideran ignorantes y cuya actuación pone en peligro, a decir de ellos, la sacrosanta libertad individual, es decir, al libre mercado como soberano supremo. “Yo no apoyo la democracia, sino la libertad individual”, declaró alguna ocasión Milton Friedman. El apoyo al régimen de Pinochet no deja duda al respecto. Los egresados del ITAM traen en su ADN este pensamiento político y económico, y como funcionarios no dejarán duda. En la década de los noventa matizan su pensamiento liberal conservador y aceptan la interpretación limitada de la democracia para la cual, los procesos electorales no tienen contenido social. La pobreza es un asunto individual, producto de la falta de iniciativa y de preparación académica. La distribución de la riqueza es entonces un asunto filantrópico y no de garantías sociales. El mercado económico para los conservadores es el medio ideal de distribución de la riqueza, por “carecer” su acción de sentido político, y la democracia es el mercado político donde se enfrentan oferentes y consumidores. En esa lógica, el proceso electoral es la simple elección de un artículo para su consumo; no es una lucha de alternativas de proyectos. En 1991, la nueva manera de plantear el concepto de democracia y el reconocimiento de la política, llevó al ITAM a remplazar la licenciatura en Ciencias Sociales para sustituirla por la licenciatura en Ciencia Política.

Da inicio el asalto a los aparatos de Estado con planes bien estructurados, con objetivos precisos, con una planta de profesores de tiempo completo con estudios de doctorado, maestros “prácticos” o sea, maestros por hora entre los que están funcionarios públicos de alto nivel que integran a su equipo de trabajo a los todavía estudiantes de la institución educativa. La construcción del bunker ha sido concluida, ahora inicia la guerra de posiciones. El cambio de correlación de fuerzas en el plano mundial favorable al capital financiero, a través de los organismos financieros internacionales, influirá favorablemente en lo nacional para que el pensamiento de los grupos liberales se fortalezca en el juego político obteniendo mejores posiciones estratégicas que les facilite derrotar a la política de racionalidad corporativa desde las trincheras económicas del Estado, como son las Secretarias de Programación y Presupuesto, la Secretaria de Hacienda y el Banco de México, principalmente. Los primeros cambios de miembros de la clase mantenedora inician en el gobierno de Miguel de la Madrid (MMH) cuya política económica fue considerada promotora de la Muerte, Miseria y Hambre, por la estricta política de austeridad que perjudicó principalmente a los grupos populares. El primer egresado del ITAM que aparece como titular en la historia de la Secretaria de Hacienda es Gustavo Petricioli, no obstante, no puede ser considerado de la camada que en próximos sexenios asaltará los aparatos de Estado. El gobierno al que prestó sus servicios aplicó las primeras políticas neoliberal en México. Podríamos decir que dicho funcionario fue una gaviota que presagiaba la tragedia nacional que se avecinaba.

Es en el gobierno de Salinas de Gortari cuando da inicio el Gran Salto Adelante y al precipicio; se lleva a cabo el desmantelamiento definitivo del Estado posrevolucinario y donde tiene lugar el origen de la mafia “Itamita”, que se enquista en la Secretaria de Hacienda y en el Banco de México y cuya presencia será transexenal, pues varios de ellos estarán en gobiernos panistas y priistas y podrían estar en cualquier otro. El pensamiento liberal que encarnan es para ellos atemporal y es considerado una forma natural de existencia social. El sexenio de Salinas tuvo como Secretario de Hacienda al artífice y promotor del asalto al Palacio Nacional y de la banda ITAM: Pedro Aspe Armella, quien al terminar su servicio público regresa como profesor para convertirse en progenitor académico y político de una camada de egresados, compuesta por:  Emilio Lozoya, Luis Videgaray, José Antonio Meade y Félix Vélez quienes, al empoderarse en los centros organizadores más importantes del poder, se constituyen en cabeza del grupo, el resto de los egresados se agruparon en su entorno, entre ellos: Ernesto Cordero Arroyo, Virgilio Andrade y el gobernador de Colima, José Ignacio Peralta Sánchez. Otros mantienen cierta distancia por cuestiones personales cuya formación liberal los vincula, unos formados en la academia por Andrade, es el caso de Mario Delgado y de Gil Zuarth, entre muchos otros. Otros como Agustín Carstens, que ha sido secretario de Hacienda y director del Banco de México, su fuerza política es transmitida por los organismos financieros internacionales en los que, en diferentes momentos, ha ocupado cargos de importancia. El ITAM, al final, ha logrado su objetivo: la formación de la clase mantenedora que reclaman los empresarios en la dirección del Estado; hay entendimiento entre ambos, son uno y lo mismo.

Como toda clase mantenedora, ésta no es sexenal ni de un gobierno de símbolo determinado. Los integrantes de la mafia “Itamita” son, hoy por hoy, intelectuales orgánicos de la fracción del capital: la financiera. Su presencia está en todos los proyectos de gobierno partidista, llámese de izquierda o derecha. La circulación y renovación de sus miembros ya no es importante para el régimen económico y político, por el contrario, el capital quiere certeza de larga duración para su inversión, sin sobresaltos, por eso su permanencia tranquiliza a la Bolsa de Valores. La justicia social que exigía la intervención del Estado como promotor de los derechos sociales, ya no es factor de legitimación como antaño. La estabilidad macroeconómica y la apertura discriminada del mercado, en el paradigma hegemónico, son los factores de legitimidad de cualquier gobierno.

Al margen de su nivel académico, el ITAM se ha convertido en el símbolo empresarial en la formación de la clase mantenedora. Ha construido, en compañía de otras instituciones privadas de educación superior -parafraseando a Vicente Fox-: “un Estado de empresarios, para empresarios”. Es un Estado oligárquico liberal. Eso explica la fama en los círculos empresariales de la institución y las atenciones que el Estado le presta. Su otro éxito radica en que sus egresados han contribuido a homogeneizar, bajo el paradigma liberal, a quienes están a cargo de los aparatos del Estado, estén en la administración pública, en el poder judicial o en el legislativo. Sean del PAN, del PRI o del PRD. Sean de derecha o de izquierda institucional. El proyecto liberal genera pobreza para las mayorías, y opulencia para una minoría. Salarios de hambre y ganancias estratosféricas. Desempleo y miseria.

El autor es Maestro en Ciencia Política por la UNAM y profesor jubilado de la Universidad de Colima. Envía tus comentarios a ojalaprensalibre@gmail.com

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