A propósito de las próximas elecciones

Por Eduardo H. León*

El Estado Mexicano se encuentra en un punto en el cual a la sociedad le es preciso y sensato  tomar acciones contra todos los problemas que han imperado desde muchos años atrás y que estos se han puesto a la luz pública de manera descomunal en lo que va de este sexenio y en que le antecede.

La razón mas lógica y que con el paso del tiempo se nutre de hechos probatorios, se debe a que en los más de 80 años de vida política del Partido Revolucionario Institucional PRI, este  se ha encontrado íntimamente ligado así como uña y carne, a las practicas más sucias y chocolatosas que han mermado el néctar de nuestra joven democracia.

Sin embargo tampoco podemos dejar de fuera la falta de dirección política que han ejercido los gobiernos emanados del Partido Acción Nacional PAN, donde, por citar un ejemplo, la lucha que ejerció el Ex-presidente Calderón Hinojosa contra el crimen organizado, derramo sangre tanto de delincuentes, civiles, agentes policiacos, etc.

Si bien es cierto que se ha aumentado el índice delictivo, debemos de poner en tela de juicio  el hecho de que en el Priato también se solapa todo delito, prueba más contundente la desaparición de los 43 normalistas rurales de guerrero o la red de prostitución que operaba el dirigente del Partido Revolucionario Institucional en el Distrito Federal, actos que hasta hoy después de meses no han obtenido una respuesta formal y contundente ante estos hechos tan lamentables.

Por ende es necesario de igual forma advertir que el Acción Nacional no ha sido más que un productor de una obra de teatro, en la cual, los acontecimientos que marcan el transcurso de la historia no tienen gran trascendencia, y esto hace pues, que no se llegue al clímax tan esperado.

De este modo al poner en  la balanza a los dos partidos políticos que han estado en el poder Ejecutivo Federal, como lo son el Partido Revolucionario Institucional  y el Partido Acción Nacional, se puede ver que se sigue con la misma línea de acción, esa línea que de forma perenne se ha inmiscuido en todos los ámbitos políticos. Seguimos con una corrupción imparable, una burocracia que de forma perezosa retrasa el crecimiento del país, representantes populares amantes del filibusterismo y creadores de una mentalidad orientada a velar tan solo por los intereses particulares y de partido, dejando aun lado las necesidades del pueblo, quienes somos los que depositamos en ellos la responsabilidad de hacer mejor al país, además contamos con una educación reprimida  orientada a crear jóvenes que no sean capaces de desarrollar pensamiento crítico, liberal, autodidacta.

El crimen organizado, la inseguridad, el desempleo, la falta de cultura, la pobreza, el narcotráfico; cada vez y con mayor fuerza  parece que nos estamos acostumbrando a vivir con estos problemas tan arraigados que someten de forma cruel la vida de los ciudadanos mexicanos.

A todo esto conlleva la falta de principios y valores morales que se han perdido en el transcurso de la historia y que se han visto pisoteados por los grandes dueños de México, es evidente que a causa de una acción le corresponde una reacción, si los malabaristas del estado mexicano  inculcan una dirección equivoca de  proceder obtuso y estulto, visto es, que de manera natural  el individuo mexicano  se  sienta en la necesidad de no votar o de anular su voto ante las elecciones que se avecinen.

Por los  motivos expuestos anteriormente,  y hoy al cumplir un ciclo mas ante las próximas elecciones federales es necesario y urgente repensar al momento de emitir el voto en una revolución social, una revolución que cambie la forma de vida de cada mexicano, una revolución que sea acompañada de una nueva mentalidad, una revolución que transforme la educación pública, una revolución que cambie la forma de la distribución de la riqueza y que integre a todos los mexicanos, una revolución que este a favor de creación de empleos, una revolución que de condiciones necesarias para la creación de empresas e inversión extranjera, una revolución que respalde a las pequeñas y medianas empresas que ya se encuentran en ejercicio, una revolución que fortalezca a los estudiantes, a los maestros, a los investigadores, a las universidades, una revolución que haga cumplir las garantías constitucionales, una revolución que no cambie las formas de medir la pobreza sino que la reduzca de manera significativa o la  elimine, una revolución que sea el puente hacia la no discriminación, una revolución que respete las decisiones personales, una revolución que nos haga mejores personas, una revolución que una mas a las familias sin importar el genero de los contrayentes, una revolución que cambie la forma de actuar del gobierno, una revolución que haga que cada ciudadano mexicano sea capaz de obrar por los demás, una revolución que este a favor de una vida digna.

Por lo que a ti que me lees te invito, sal a votar, ejerce tu voto a conciencia, ya no permitas que te compren, aléjate de la apatía y de las malas prácticas electorales, pero sobre todo, ya no permitas que como lo dijo un priista cacique de San Luis Potosí Gonzalo N. Santos, que “La moral en México siga siendo un árbol que da moras”.

*El autor es Licenciado en Administración Pública y Ciencia Política, Universidad de Colima

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